El año pasado decidí que iba a leer sólo a autoras mujeres. Leí 23 libros escritos por mujeres en 2023 — era un hermoso título estilo Buzzfeed para un texto que escribí pero nunca compartí. Hablaba sobre lo importante de leer mujeres, de cómo siendo mujer siempre leí autorxs de todos los géneros, pero la mayoría de los hombres lectores que me rodean no leen autoras mujeres muy seguido (sacado a la casi innombrable J.K Rowling).

En fin, el año pasado me armé el ritual de buscar autoras y libros en Goodreads (quizás stalkeando un poco a Julieta Venegas, que lee más de 60 libros por año y deja reseñas hermosas en todo lo que lee, acá les dejo el perfil) y después ir a buscarlas a La Central o la Calders, dos librerías que me quedaban cerca cuando vivía en Barcelona, o Escaramuza y Amazonia acá en Montevideo.

Entre esos libros que leí en 2023 estaba “Una habitación propia” de Virginia Woolf. Justamente, Virginia Woolf, hace casi cien años, hablaba de cómo las mujeres en la literatura eran en su enorme mayoría producto de autores hombres, y cómo eso moldeaba la representación femenina en el género literario. 

“Todas esas relaciones entre mujeres, pensé, recorriendo rápidamente la espléndida galería de mujeres ficticias, son demasiado simples. Se ha excluido tanto. Traté de recordar algún caso en el curso de mis lecturas en el que hubiera dos mujeres presentadas como amigas. (…) Hay de vez en cuando madres e hijas. Pero casi sin excepción se las ve en su relación con los hombres. Era raro pensar que todas las grandes figuras novelescas fueron, hasta los días de Jane Austen, no sólo vistas por el otro sexo, sino vistas únicamente en relación con el otro sexo, y qué pequeña parte es ésa en la vida de la mujer; y qué poco puede saber un hombre cuando la observa a través de los anteojos negros o rosados que el sexo le coloca en la novela”.

También en ese ensayo, Woolf insiste en el privilegio que era en esa época al menos poder sentarse a escribir, reconociendo su propio privilegio que la herencia de una tía le dejó, que le permitía dedicar su tiempo a escribir y no a buscar ser mantenida por nadie o salir a trabajar. Hasta hoy podríamos decir que siguen siendo unas pocas que logran escribir y vivir de eso, no podemos olvidarlo. Y parece ridículo a esta altura del partido, pero para mí sigue habiendo algo de revolucionario en escribir desde nuestras perspectivas, sobre nuestras historias, aunque sean ficción. Leernos entre nosotras, historias similares a las nuestras para sentirnos comprendidas y acompañadas, sí, pero también historias completamente distintas a nuestra realidad, entender la infinitud de experiencias que significa ser mujer en este mundo dependiendo de nuestra nacionalidad, nuestra raza, nuestra clase, nuestra sexualidad, nuestra historia. Sigue siendo revolucionario y necesario empatizar, no sólo de hombres a mujeres si no también entre nosotras, para construir una lucha más inclusiva, más empática, más abarcativa y más fuerte.

Aunque ya no leo sólo mujeres (pero sí en su gran mayoría), les dejo ocho recomendaciones de libros escritos por mujeres que me generaron sensaciones variadas pero siempre fuertes, para lxs que por ahí no tienen el hábito de la lectura o no saben por dónde ir, mi humilde aporte.

Los galgos, los galgos de Sara Gallardo

Sara Gallardo fue una autora argentina nacida en una familia patricia de Buenos Aires, en 1931. Los galgos, los galgos se publicó en 1968 y narra la vida de Julián, un hombre que al comienzo de la historia tiene poco menos de 30 años y hereda una propiedad rural que pasa a remodelar y a habitar con su novia Lisa los fines de semana. No digo más para no spoilear, pero esta novela habla mucho de la nostalgia, del vacío, del amor perdido, de la búsqueda de sentido, de las cosas no dichas, con una escritura tan linda que hace llorar.

Por qué volvías cada verano de Belén Lopez Peiró

Belén López Peiró es una autora argentina nacida en 1992. En este libro habla de un abuso sexual infantil intrafamiliar que ella vivió, de sus consecuencias y el proceso de denuncia por el cual tuvo que pasar. Es un libro crudo, obviamente, pero necesario.

Debimos ser felices de Rafaela Lahore

En Debimos ser felices, Rafaela Lahore, autora uruguaya nacida en Rivera en 1985, comparte memorias de su familia a partir de una nota de suicidio de su madre, escrita décadas atrás. Con fragmentos de momentos y charlas que ha tenido sobre todo con su abuela y su madre, se explora mucho el vínculo entre las mujeres de una familia marcada por una depresión profunda, visto del punto de vista de la hija / autora.

Las Malas de Camila Sosa Villada

Las Malas es un libro casi cinematográfico. Camila Sosa Villada, argentina nacida en 1982, narra desde adentro la historia de las trabajadoras sexuales trans de Córdoba capital que le dieron un hogar y la hicieron parte de una familia llena de amor, consuelo y aventuras.

El acontecimiento de Annie Ernaux

El primer libro que leí de Annie Ernaux, autora francesa nacida en 1940, ganadora del premio nobel en 2022. Annie siempre habla de sus vivencias, poniendo el foco en diferentes aspectos, personas, o momentos de su vida. Todo lo que leí de ella me encantó. En este libro, habla de un aborto clandestino que se hizo cuando era estudiante, viniendo de una familia muy humilde y tradicional, teniendo que escaparse sola a París para dejar su vida en manos de una mujer que hacía abortos en su casa.

Apegos Feroces de Vivian Gornick

Vivian Gornick nació en 1935 en Nueva York. Proveniente de una familia humilde, Vivian nos cuenta a través de charlas y memorias, sobre su relación con su madre durante su infancia, juventud, y adultez, y sobre la búsqueda de sí misma respecto a distintos modelos de mujer a seguir que la rodeaban en el edificio donde vivían.

La ridícula idea de no volver a verte de Rosa Montero

Rosa Montero, nacida en 1951 en Madrid, habla de su propio duelo de su pareja en este ensayo, dando también un pantallazo de la vida de Marie Curie, quién también pasó por un duelo de pareja, y cómo se asimila y se diferencia su experiencia a la de la autora o la de mujeres de otras épocas. Al principio no me entusiasmó tanto, pero lo terminé leyendo rapidísimo, tiene unas reflexiones interesantes de temas variados relativos al género y a la pérdida.

No es un río de Selva Almada

Por ahora es el único libro que leí de Selva Almada, pero me encantó. Selva es una autora de Entre Ríos, Argentina, nacida en 1973. No es un río explora una historia que se da en el interior argentino. El relato da una sensación de quietud característica quizás de la idea que tengo de la vida en lugares rurales, pero sin embargo dice mucho: sobre la amistad, los secretos, la muerte y la pérdida, sobre lo que no se dice, pero se siente.

A las que escriben: gracias.

Fotografía: Ximena Benvenutto

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