No lloro muy seguido. Pero hay ocasiones muy puntuales que siempre, sin falta, me hacen llorar: la parte de los casamientos donde lxs novixs se prometen amor (incluso cuando casi no conozco a lxs que se casan, y aunque no quiera casarme), las escenas de partos en las películas (me da terror), cuando veo a una persona que quiero mucho llorando, el 8 de marzo y la escena de Sex and the City cuando Big se encuentra con Carrie después de dejarla plantada en el altar y Charlotte la abraza para alejarla de él. 

Pero no voy a hablar de la película de SATC, porque no tiene nada que ver con la serie, que es lo que me trae hoy a escribir. Ya la vi incontables veces, y la recomiendo a cada persona que puedo (intentaré no spoilear mucho por si alguien no la vio), a pesar de haber visto primero las películas que creo que tiene que ver más con mi edad. Ya escribí hace unos años sobre el vínculo de amistad entre las protagonistas, que honestamente, no tiene desperdicio. La serie es, principalmente, el retrato de una amistad profunda, honesta, cruda e incondicional, con muchas grietas para las cuales siempre encuentran puentes. Pero hoy terminé de verla como por décima vez, y esta vez quiero hablar de cómo una serie que salió al aire hace 25 años tiene tantos discursos que hoy en día siguen vigentes como si fueran novedad.

A pesar de ser catalogada muy seguido – por gente de todos los géneros – como una serie muy superficial (porque sí, viven en una realidad paralela de ropa carísima y novios millonarios), Sex and the City toca temas mucho más profundos que otras series mucho más alabadas de los 90, como Friends. Hace poco escuché a Malena Pichot decir en su programa de radio Furia Bebé que sentía que las protagonistas de SATC eran como sus madres, porque creció con ellas, y que la serie en su momento era casi como su ESI, porque en ningún otro lado se veía a mujeres hablando tan abierta, sincera y libremente de sexo como en esa serie.

Para no hacerme la boluda y pretender que no tiene partes muy polémicas, las menciono antes que nada: en algunos capítulos hay comentarios bifóbicos y transfóbicos, es una serie mega binaria, hay muy pocos personajes que no son blancos, y se romantiza mucho una relación que hoy sería catalogada como “tóxica” que es la de Big y Carrie. Creo que en este caso aplica justificar con que todo esto sucedió “en otra época”, y de hecho lo están intentando compensar (de manera muy forzada) en la versión actual de la serie, estrenada hace un par de años, de la cual no tengo nada bueno para decir así que mejor me callo.

Ahora quiero hablar de lo que me sorprendió (a pesar de ser la décima vez que la veo) en materia de discursos relacionados al feminismo — a pesar de que creo que sólo se menciona al feminismo por su nombre una vez en toda la serie. Primero que nada, se le da un lugar mega privilegiado a la amistad entre mujeres, que como ya dije, es la columna vertebral de la serie, declarándose entre ellas como sus almas gemelas por encima de cualquier relación sexoafectiva. 

Hoy en día creo que valoramos un montón la amistad y muchxs entendemos que las relaciones sexoafectivas no tienen por qué tener una mayor jerarquía ante otros tipos de vínculo, pero en 1998, me parece que no era tan así. En esta misma línea, también me parece bastante novedoso para ese momento que la serie se base en mujeres que están en sus 30s y 40s que no siempre están en pareja, ni tienen hijos, que salen, y que se acompañan entre ellas en todo. En general, las series que se basan en grupos de amigas suelen ser protagonizadas por adolescentes o mujeres en sus veintipico, pero creo que rara vez se le da el lugar a mujeres de más de 30 y 40 de seguir teniendo sexo casual, buscar amor, y priorizar la amistad sin sentirse culpables al respecto, disfrutándolo un montón.

Por otro lado, en temas más estrictamente feministas, el aborto es un tema que se toca en bastantes ocasiones. Primordialmente cuando una de ellas se embaraza sin haberlo buscado ni estar en pareja, el aborto aparece como primera opción y se habla del tema sin tabúes, varias de ellas admitiendo que lo hicieron antes y hablando de eso sin necesariamente demostrar arrepentimiento o gran dolor. Siguiendo por ese lado, cuando la primera del grupo se convierte en madre, no se romantiza la maternidad para nada: se deja entrever que puede ser un caos en muchos sentidos.

En el ámbito laboral también hay muchas críticas: hay un capítulo en el cual hablan sobre cómo ser emocional en el trabajo puede costarte mucho, porque siendo mujer, enseguida te tildan de sensible e incapaz de hacer bien el trabajo, mientras que siendo un hombre se ve distinto. También refuerzan que es importante tener una carrera profesional propia y no depender de tu pareja, sobre todo cuando Charlotte decide dejar de trabajar una vez casada y Miranda (la verdadera feminist icon) le dice, muy frontalmente, que le parece una pésima idea.

Por otro lado, también se habla de la masculinidad frágil infinitas veces de infinitos modos, pero se vuelve muy evidente cuando Carrie sale con un tipo que no se banca que a ella le vaya mejor que a él en lo laboral y económico, por lo cual la deja de una manera muy poco digna, o cuando a Miranda la deja su novio, básicamente, porque ella gana más plata que él.

En lo sexoafectivo, hay un sinfín de cosas para decir. Supongo que lo más destacable es el personaje de Samantha, que es básicamente el ícono de la “mujer empoderada”, y que dice relacionarse con el sexo de la misma forma que lo hacen los hombres, y quién constantemente sale con tipos más jóvenes que ella con una naturalidad que sólo se suele ver en hombres. También, en lo afectivo, me parece interesante ver la dinámica de cómo un grupo de amigas lidia con una de ellas teniendo un relación tóxica en la cual recae una y otra vez. Creo que muchxs hemos estado en situaciones parecidas, prácticamente rogándole a unx amigx que deje una relación que le hace mal, y nos hemos tenido que bancar que la persona lo haga a su ritmo, acompañando de alguna forma, sin poder hacer mucho más que eso, llegando a veces incluso a enojarnos por la impotencia de que la otra persona no vea lo que nosotrxs vemos. Esto se ve varias veces en la serie, particularmente en la dinámica vincular de Miranda y Carrie, y me parece súper interesante que muestren que se puede tener desacuerdos y peleas en una amistad sin que sea el fin.

Para cerrar, destaco que en el último capítulo, Carrie le dice a su interés amoroso que ella “no necesita que él la rescate”, y la verdad que es la primera vez que realmente le presto atención a esa frase, pero me parece un sútil guiño a todas las que pensábamos – bueno, sigo pensando – que la historia de amor de Carrie era de una dependencia emocional insoportable. Me parece lindo que aunque su historia termine bien, nos haya dejado esa frase al pasar, como para no olvidarnos que no es sólo una serie sobre un romance, es mucho más que eso.

En fin, no creo que ver SATC en 2023 vaya a cambiarles ninguna perspectiva en particular, porque hoy en día todo lo básico sobre feminismo ya está dicho. Sin embargo me sorprendió la cantidad de comentarios sueltos y conversaciones enteras que pusieron sobre la mesa, que constituyen básicamente una crítica constante y progresiva hacia el sexismo y hacia el concepto de “varón” que conocemos hoy, aunque pase desapercibida por ser catalogada (y subestimada) como un “chick flick”. Esta serie es testigo de que hay conversaciones sobre igualdad de género que venimos teniendo hace más de 25 años sin llegar a ningún lado. Pero de una manera entretenida, por suerte.

A todo esto, se le suma un guión increíble, una locación y estética fantásticas, una construcción hermosa de cada personaje, y una honestidad tremenda de las actrices, que cada vez que lloran en cámara parece que lo están sintiendo de verdad — y me hacen llorar a mí, porque las quiero mucho.

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