Después de insistir algunas veces, al fin hace unas semanas encontré disponible una película que veo trending hace varias semanas en mi cuenta de Letterboxd: Bottoms. Coincidió con mi juntada semanal de cine con mi mejor amiga, y la convencí de verla solo con la consigna de que “es de la misma directora y misma actriz que Shiva Baby”. Eso fue suficiente, ambas nos dispusimos a verla sin saber más que eso.
Emma Seligman es una directora de cine canadiense de 28 años que sacó dos películas: Shiva Baby (2020) y Bottoms (2023). Ambas pelis son protagonizadas (y la última coescrita también) por la actriz y comediante Rachel Sennott, también de 28 años, y que ha salido en mis encarnaciones favoritas de millennials/generación z de los últimos años (exceptuando The Idol, como ya saben).
En definitiva, ¿hype? check. Bottoms arranca de una forma que uno pensaría totalmente esperable pero con una fórmula que la hace distinta, y es algo a la vez tan simple y tan inteligente que me dio un poco de bronca darme cuenta que nunca había visto algo así. Dejo el preámbulo, Bottoms es una teen movie de las más típicas y obvias onda de los 90s-00s (piensen American Pie, Not Another Teen Movie, etc) pero con una vuelta de tuerca: son dos adolescentes lesbianas haciendo lo imposible por perder su virginidad con chicas lindas. Agarra el típico mischief masculino del “boys will be boys” y lo traspola a chicas queer que son súper entrañables, pero medio villanas (de la mejor forma posible).
La historia sigue a PJ (Rachel Sennott) y Josie (Ayo Edebiri) que le tienen muchas, pero muchísimas ganas a las porristas populares del liceo. El interés romántico de Josie está de novia, obvio, con el quarterback del equipo de fútbol. No sólo eso sino que el fútbol es recontra importante en el universo de Bottoms: hay una rivalidad de antaño con un equipo de otro colegio, y hasta que se juegue la final con ellos no existe nada más. El argumento se desarrolla en un momento que PJ y Josie le pegan apenitas con el auto al quarterback del equipo de fútbol. Es una escena tan exagerada en lo poquito que lo tocan, que el escándalo que se arma después (no sólo por el color que le da él, sino por todas las personas excesivamente preocupadas por el partido) es irrisorio. En ese contexto, PJ y Josie quedan a los ojos de todos como unas maleantes, y aprovechando el momentum y los rumores falsos (como que fueron a juvie, el INAU de los yanquis) arman un club que se supone es de autodefensa, pregonando valores que se disfrazan de sororidad y apoyo entre mujeres, pero son más bien ganas de conocer chicas lindas y estar físicamente cerca de ellas — la clase de «douchebag move» que siempre se da de hombres en películas, nunca de mujeres.
La forma en que la película usa los argumentos de manual pero los hace tan subversivos es con la uso de la ironía de toda la situación: el quarterback que suele ser un ícono de masculinidad en este tipo de películas es sumamente amanerado y quejoso, todos los personajes son muy caricaturescos, y un club de la pelea de mujeres (donde literalmente se destruyen a piñas y están toda la película con la cara llena de moretones) es absurdo de la mejor manera, más teniendo en cuenta el ícono de adolescente varón incel que es Fight Club.
Las chicas (las queer, las lindas, las otras) se van encantando y aprendiendo mucho de pelea, sororidad, y la una de la otra a través del club. Pero quiero aclarar que ésta no es una película que empieza con algo polémico y después se descubre el verdadero valor de la amistad, de que elegir la violencia está mal, cualquier típica lección del coming-of-age — al contrario, los puntos altos de la película tienen todo que ver con esas decisiones malvadas, onda “girlhood” oscura y desquiciada. Todas esas cosas que por lo general no se les permite ser a las mujeres en los medios. Mi escena favorita es un momento que van a vengarse del quarterback empapelándole la casa, tirándole huevos, poniéndole una bomba abajo del auto que activan por error en 15 segundos en vez de en 15 minutos, todo al son de Total Eclipse of the Heart. También hay un «needle drop» de Complicated de Avril Lavigne en el clímax de la peli, que en general me da esa idea completamente divertida y nueva del ser mujer joven de una forma malvada, caótica, y demente. Eso es un poco Bottoms, en definitiva.
Voy a seguir hablando de este tema, porque todavía me falta el artículo de Taylor Swift (stay tuned) pero siento que el 2023 se caracteriza por una exploración desenfrenada del ser mujer en los medios, y qué representa. Y un poco lo que veo es una mezcla de representación, poner a personajes mujeres en lugares en los que nunca se encuentran, y permitir explorar los límites a los que se puede llegar en nombre de que el “ser mujer” en realidad no tenga ninguna definición, sino que pueda ser lo que sea. En los últimos tiempos las expectativas que se tienen sobre las mujeres han mutado de mil maneras, pero si algo nunca ha cambiado es el escrutinio al que se nos somete, y los estándares altísimos que se tiene de nosotras. Que los personajes de Bottoms usen al feminismo como excusa para coger puede parecer algo terrible, pero en realidad es desapegar a la mujer del lugar que se le impone siempre de la superioridad moral obligatoria. Es literalmente el “I support women’s rights but more importantly I support women’s wrongs” hecho película.
En Bottoms, ser mujer es querer cogerse porristas, armar bombas, tener amigas de toda la vida, luchar, tirar huevos y papel higiénico en casas, vestirse de formas absurdas, mentir, no ser serias, ser caóticas y malas personas, matar gente (ponele), ser extremadamente graciosas. Es lo que pinte, en definitiva. Y el poder subvertir el “boys will be boys” para transformarlo en un “girls will be girls” creo que habla del lugar preferencial que ha tomado la mujer como consumidora en los medios, desde un lugar autocrítico, autoconsciente, y a la vez totalmente poco serio. Y eso además de ser interesante, es liberador en lo divertido que resulta.

❤
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