Tengo que comenzar diciendo algo que le expresé a mis amigos apenas salí del cine, y que sentí con mucha certeza en la sala: estamos ante un nuevo ícono de la cultura pop. Me imagino que así se sintieron en 2004 aquellos que fueron a ver «Mean Girls»,  o en 1995 los que fueron a ver «Clueless», o en 1988 «Heathers». No recuerdo si en mis tiernos 27 años he presenciado alguna vez algo que se sintiera tanto como un clásico instantáneo como lo que sentí cuando fui a ver Barbie. 

No voy a mentir, tenía altas expectativas. Nací en los 90 y tuve una interesante colección de Barbies de todo tipo y color (incluyendo a Ken surfista). Además, he estado siguiendo la carrera de Greta Gerwig desde mi tardía adolescencia (como boludato les cuento que mi gata lleva su nombre).

A pesar de esto, seguro que no esperaba pasarla tan bien, ni reírme tanto a carcajadas, ni quedar tan impresionada con el manejo de los temas complejos que trata la película. Antes que nada, Barbie es un fenómeno para todas las edades, aunque tiene un enfoque especial en el público adulto joven. Se puede ver una diversidad impresionante de edades en la audiencia de Barbie, como pocas veces he presenciado en una sala de cine. Esta diversidad también implica que algunos temas, más que nada el feminismo, se tratarán de manera un tanto superficial, porque no es un documental de Albertina Carri hecha para veinte cinéfilos. Hago esta aclaración porque muchas personas han criticado el enfoque del feminismo en Barbie, argumentando que es insuficiente o cuestionando su mensaje feminista debido a su origen en Mattel.

Estoy de acuerdo en que Barbie es una película sumamente capitalista, pero parece que este aspecto solo se convierte en un problema cuando se trata de un producto dirigido a mujeres (rara vez veo las mismas opiniones cuando se estrena una nueva película de Marvel). Por mi parte, me alegra muchísimo ver que una película dirigida y protagonizada por mujeres tenga tanto éxito en taquilla. Barbie ha roto varios récords, incluyendo el fin de semana de estreno más exitoso para una película dirigida por una mujer, además de ser la primera película live-action dirigida por una mujer en superar mil millones de dólares en recaudación, entre otros logros. Como si fuera poco, como fenómeno cultural, ha demostrado que los cines siguen siendo relevantes después de la pandemia y ha impulsado una campaña de marketing digna de estudio, que ha llevado a que medio mundo se vista de rosa.

Más allá de los logros cuantitativos de la película, hay algo que considero innegable: es una hazaña. Greta tomó un personaje del que sabemos poco más que su apodo y el hecho de que «puede hacer lo que quiera», y construyó una narrativa y un universo increíble. Si aún no la vieron, les cuento que la Barbie interpretada por Margot Robbie es una representación estereotipada de la muñeca Barbie en live action, que vive en Barbieland junto a otras Barbies (la Barbie sirena, la Barbie presidenta, la Barbie que solías maltratar con tijeras y marcadores, etc.), y numerosos Kens. Estas Barbies son una extrapolación de las muñecas reales con las que juegan las personas, y las Barbies de Barbieland creen que han sido diseñadas exitosamente para hacer que las mujeres del mundo real sean felices y empoderadas. En Barbieland, gobiernan las Barbies y todos los días son buenos y prácticamente iguales, todo es perfecto, plástico y rosa. En realidad todo este segmento es estéticamente hermoso y de una fantasía tal que me cuesta creer que sea una película real y no un fragmento de mi imaginación. La película incluso agotó el suministro global de pintura rosa, así de serio se tomaron su diseño de producción.

Sin embargo, esta fantasía rosa entra en conflicto cuando Barbie empieza a tener crisis existenciales y a cuestionar el ideal de perfección infinita. Para encontrar una solución, debe adentrarse en el mundo real, donde descubre por primera vez la existencia del patriarcado: allí se siente cosificada, menospreciada e incluso violentada. Ya desde la premisa, me parece una locura. Sumale risas, las actuaciones, la puesta en escena, el universo de Barbie y el mensaje de la película, y tenés la fórmula ganadora por excelencia.

No tengo muchas ganas de adentrarme en las críticas hacia Barbie. En su contexto (una comedia de dos horas sobre una muñeca rubia, delgada, blanca y perfecta), considero que es efectiva y sutil en su enfoque, y no encuentro problemas significativos. Creo que Greta esquivó con elegancia cualquier reclamo real que se le pueda hacer a la película teniendo en cuenta de dónde viene. El consumo en general es éticamente cuestionable en el capitalismo, y Barbie no es la excepción, pero sigue siendo discursivamente superior a la mayoría de los contenidos que hay por la vuelta. La única diferencia radica en la masividad y la feminidad que representa, lo que genera que se la someta a un escrutinio más profundo.

Barbie aborda de manera apropiada y efectiva los roles de género de nuestra sociedad, y cómo estos parecen arcaicos a los ojos de alguien que experimenta nuestro mundo por primera vez. Algunos argumentan que la película resalta obviedades del feminismo que son conocidas por todos, pero en realidad Barbie no presenta estas realidades con un tono de «¡SHOCK, ¿sabías que pasa esto?!». Más bien, lo hace a través de una persona que lo ve todo por primera vez y que no comprende su significado. Destaca la arbitrariedad de estas normas y las ironiza. Imposible no mencionar chistes tan icónicos como el Ken que te mansplainea El Padrino, o el Ken que te toca El Sensei en la guitarrita. 

Dicho esto, si nos permitimos disfrutar de la película tal como es, dejando de lado los aires a dandy crónicamente frustrado, debo afirmar que Barbie no es solo una comedia que hace reír como pocas, sino que también ofrece reflexiones hermosas sobre lo femenino y lo humano. Cuando el personaje de Margot Robbie comienza a aceptar su humanidad y a desprenderse de la perfección asociada a ser una Barbie, se enfrenta a la complejidad y contradicciones que se esperan de las mujeres reales. Aunque resulte obvio y básico para alguien con formación feminista, no deja de ser cierto. Barbie también es compleja y contradictoria: fue la muñeca que permitió a las niñas dejar de jugar únicamente a ser madres (como ilustra de manera hilarante Gerwig en el homenaje a 2001), pero luego les generó problemas de autoimagen en su desarrollo. Barbie es independiente, tiene diversos empleos, su propio auto, su propia casa, y no necesita un novio – pero también es irreal, materialista y un símbolo de lo superficial. 

Quizás Barbie sea tan contradictoria como el color rosa, un color que nos imponen desde nuestro nacimiento pero que con el tiempo podemos aprender a resignificar y reapropiar. Creo que esto también puede aplicarse a los símbolos de feminidad típicos de este momento histórico (como el estreno de Barbie o el Eras Tour de Taylor Swift), que a menudo son criticados como «White Feminism» o «Plastic Feminism». Estos símbolos representan una reapropiación por parte de mujeres ya más adultas y que alguna vez se sintieron avergonzadas en su adolescencia por disfrutar de cosas consideradas «para nenas». Ahora, podemos abrazar estas cosas sin tapujos.

Lo significativo de la Barbie de Greta Gerwig es su autoconciencia y su capacidad para ofrecer algo a todos. No me fui de la película con una lección sobre feminismo, pero sí con una celebración de lo femenino y con las dos horas más entretenidas que he compartido con una película este año. Es un momento maravilloso para vivir tu girlhood era.

Un comentario sobre “Barbie en la era de Greta Gerwig

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