Hace tiempo que me está pasando algo raro cada vez que entro a instagram: estoy cansada de que el contenido estándar (obviamente va a depender de lo que consumís, pero a grandes rasgos) dirigido a mujeres sea sobre belleza. Y acá me voy a meter en un terreno complicado, porque con esto también me refiero a todo lo relativo al body positive o al activismo de “amor propio”.
Hablo como persona que, agotada de haber consumido toda mi vida estereotipos inalcanzables de belleza, hoy en día ya no sigue a casi ninguna influencer, modelo, cantante, etc. Sin embargo, por alguna razón, a pesar de que continuamente esté poniendo que “no me interesa”, mi lupita o página de explorar siempre está llena de videos de maquillaje (aunque casi nunca me maquille), de gente haciendo ejercicio, de modelos, actrices, influencers probándose ropa, todo ese mundillo. Les prometo que traté, pero ya me cansé de intentar cambiar mi algoritmo para que me muestre algo que realmente me interese (por ejemplo, memes de gatitos).
Todo esto lo digo con cuidado, porque no tengo ánimos de tirar abajo a todas las que se pusieron al hombro la lucha contra los estereotipos de belleza hegemónica que tan mal nos hacen: las aplaudo y les agradezco. Ni que hablar que es importante. Sin embargo ya hace un tiempo creo que se dio tanto la vuelta al tema que me está empezando a chocar el hecho de que siempre, sea como sea, no importa desde qué ángulo se vea, hegemonía o no hegemonía, al final lo que parece ser lo más importante para las mujeres sigue siendo ser atractivas. Ya sea para “nosotras mismas”, o para otrxs, ya sea de una forma esperada o no, ya sea siguiendo los cánones de siempre o no: siempre terminamos hablando de nuestra apariencia. Y no es tan distinto en activistas body positive o el amor propio (aunque obviamente, prefiero eso que lo de siempre). El tema sigue siendo valorar nuestros cuerpos por su apariencia, sea cual sea, te tenés que amar y te tenés que empoderar desde ese lugar. Me di cuenta de que en mi vida diaria, todo esto ocupa mucho más espacio en mis pensamientos del que me gustaría admitir – por no mencionar las incontables horas de terapia invertidas en esto.
Y es que a raíz de esto me puse a pensar: ¿a los varones también los bombardean tanto con el body positive? ¿Ellos también se repiten 30 veces al día que no importa si están gordos o flacos, que igual están lindos? ¿Qué tanta importancia les dicen a ellos que el tema de la belleza tiene que tener en sus vidas? Siento que mucho, muchísimo menos. Al menos por lo que observo.
Hace unos meses me crucé con el perfil de Taylor Giavasis, una piba yanqui de veintipico que tiene dos hijxs y un cuerpo que hace años es cambiante debido a sus embarazos, y la vi hablar mucho de estar cansada de tener que buscar ser atractiva (incluso de formas no estereotípicas) y que ella espera llegar a algo llamado “body neutrality” o neutralidad corporal: que su cuerpo funcione para lo que tenga que funcionar y listo, la apariencia pasa a segundo, tercer, cuarto plano. La idea es que, simplemente, dejemos de darle tanto espacio a conversaciones sobre la apariencia de nuestros cuerpos, haciendo lugar para otras cosas. Capaz que no es nada revolucionario, pero me parece bastante liberador el concepto, la idea de que nuestros cuerpos tienen que dejar de ser observados y evaluados constantemente por otrxs y por nosotras mismas en internet, y servir para lo que realmente sirven: permitirnos existir de la mejor forma posible. No tenemos que amar nuestra apariencia todo el tiempo, y eso no tiene nada de malo, porque nuestros cuerpos no están acá para ser atractivos. Pasemos a otra página.
No sé si me puedo explicar bien, y si no, es porque a veces hasta me cuesta entenderlo a mí misma, y hasta es un poco contradictorio porque yo misma escribí varias veces, hace años, sobre la presión de alcanzar ciertos estereotipos. Pero esto, aunque con una vuelta de tuerca, va por el mismo lado: me tiene harta tener que estar pendiente constantemente de si, de forma hegemónica o no, mi cuerpo es atractivo. Creo que la neutralidad corporal es una posible escapatoria.
Aclaro por las dudas: tengo muy presente que todo esto es mucho más fácil decirlo que hacerlo, y que todo el daño hecho y que se seguirá haciendo respecto a estándares estéticos no va a desaparecer mágicamente. Para que esto cambie, si hay esperanzas, sigue siendo importante mantener la crítica viva de forma individual y colectiva. Por otro lado, tampoco me parece que esté mal querer lucir “bien”, de hecho, me parece bastante difícil no hacerlo, pero tampoco creo que la neutralidad corporal busque prohibirlo, sino aceptar que ésa no es la principal funcionalidad de nuestros cuerpos, a pesar de que todo lo que consumimos de costado quiera indicar lo contrario. Por último, a modo de crítica, sí creo que hay un dejo de privilegio en el concepto de body neutrality, porque no estar pendiente de cómo te ves suena bastante parecido al “pretty privilege”, es decir, básicamente, que sólo lxs hegemónicxs tienen esa posibilidad, además de que el mundo nos seguirá viendo a través de nuestra apariencia, y hay ciertas apariencias que conllevan inevitablemente muchos más privilegios que otras.
Sin embargo creo que si lo vemos a modo de decisión individual (porque a modo colectivo creo que la crítica al sistema sigue siendo lo más necesario), el concepto de “body neutrality” o neutralidad corporal, a riesgo de que ya se esté convirtiendo en otra moda o imposición más, nos desafía a estar menos pendientes del aspecto estético de nuestros cuerpos, aunque parezca una misión imposible, y nos podría devolver, aunque sea mínimamente, algo de nuestro tiempo, nuestra energía, y nuestra plata. Ahí es donde, para mí, tiene más fuerza. Sobre todo porque es bastante evidente que todo lo demás es algo que nos está llegando de afuera, de forma constante: “mujeres, manténganse ocupadas con esto. Sigan hablando de sus cuerpos, sigan consumiendo contenido sobre belleza, sea cual sea”. ¿No hay cosas mucho, muchísimo más importantes en las que tendríamos que pensar?
