Nunca fui una persona del teatro. Mi formación es en cine, y en oposición, el código del teatro siempre me resultó difícil de descifrar. No me interesaba el formato, quizás me incomodaba sentirlo tan cercano pero saber tan poco, no mucho más de lo que me había dejado teatro del bachillerato artístico, y las contadas ocasiones en que dirección de actores se arrimaba para ese lado en facultad. Obviamente todo esto era un prejuicio y se me hizo aparente cuando fui a ver “Terrorismo emocional” (2018) de Josefina Trías.

Creo que todos o la mayoría conocemos o hemos escuchado nombrar la obra “Terrorismo emocional”. Transcurre ya su sexto año en cartel, ha sido galardonada con dos Premios Florencio y Premio Nacional de Literatura en la categoría dramaturgia édita, y lleva más de cien funciones realizadas. La obra es una reflexión metaficcional de la autora luego de una ruptura. La sinopsis de la obra lee: “Clara se acaba de separar de una relación larga e idílica. De regreso a la casa de sus padres, comienza a vislumbrar la posibilidad de hacer de su ruptura algo creativo. Tal vez el desamor dé sus frutos”. Estamos como público ante ese “algo creativo” que dio sus frutos, un recurso del que Josefina hace uso en sus obras, pareciera, para reescribir o repensar su propia experiencia personal a través del ejercicio de la dramaturgia, y así darle sentido. Durante 75 minutos Clara reflexiona sobre su ex pareja, su vínculo, la codependencia, la soledad, el desarraigo, su lugar como mujer en todo esto, y lo hace sola: “Terrorismo emocional” es una unipersonal, y un monólogo. Hay otros personajes que integran el mundo de Clara, como por ejemplo sus padres, a quienes conocemos, pero nunca vemos ni escuchamos.

Poco sabía de todo esto yo al sentarme en la sala, y desde el momento uno, me invadió una emoción tremenda. Clara arranca con el texto en un escenario cuyo principal elemento es un acolchado blanco sobre un colchón que representa su cuarto en la casa de sus padres. Empieza hablando de su ruptura con su pareja de más de siete años, haciendo especial énfasis en lo cotidiano de su vínculo, en las pequeñas cosas, a su vez tan clásicamente montevideanas que es difícil no sentirse identificado de alguna manera. Luego transiciona un poco más hacia la comedia. Clara habla con sus padres que no están allí, en una especie de off. Entendemos un poco más de su vínculo con ellos y entendemos que es especial. Y que a su vez, Clara es especial, y su forma de concebir el mundo también lo es. No sé si fue por mi lugar de recién nacida teatral, o por qué, pero habían pasado diez minutos de obra y yo no podía parar de llorar, muy a mi pesar. De emoción, de gracia, de empatía y entendimiento profundo por todo lo que estaba en el escenario. Intenté solaparlo porque al lado mío la gente estaba estallada de risa (normal), pero mi amiga se dio cuenta y se ve que no supo qué hacer, y me agarró la mano.

Las risas que me rodeaban no estaban para nada desubicadas, y creo que hasta cierto punto mi llanto tampoco. El texto de Josefina recorre un montón de lugares, es una hazaña en sí mismo – de hecho el texto es también un libro – y en el escenario es además encarnado por la actriz con una fuerza difícil de negar. 

Sobre ese escenario, la puesta en escena se complementa con música en vivo, un juego de luces súper sutil pero ocurrente, y la manipulación de Clara con el acolchado, que oficiaba de la forma que fuera más conveniente, como un shapeshifter. Como vestido, como lienzo, como escondite del mundo. Técnicamente hablando, la obra está orquestada de una forma milimétrica, y todo en conjunción con el talento de Josefina da una sensación de estar ante algo perfectamente cuidado.

Josefina Trías nació en Las Piedras en 1988 y además de ser actriz egresada del Instituto de Actuación de Montevideo (IAM), es también cantante y dramaturga. Es correctora de estilo y estudiante de la Licenciatura en Letras de la Facultad de Humanidades [1]. Josefina es, en definitiva, lo mejor de ambos mundos: actriz y escritora, y sobresale en ambas disciplinas.

Luego de ver “Terrorismo emocional”, nos pareció imposible perdernos “Llamaste a Walter” (2021), otra obra escrita por Josefina que oficia como una precuela de “Terrorismo”, y también galardonada con el Tercer Premio Nacional de Literatura en la categoría dramaturgia édita. En “Llamaste a Walter”, Clara sigue siendo Clara, pero podemos conocer a sus padres y a su hermano, interpretados por Fernando Canto, Jenny Galván y Agustín Martínez Cuello, respectivamente. Esta obra tiene lugar algunos años antes de “Terrorismo emocional”, en la adolescencia de Clara, y está particularmente seteada en el marco de la crisis del 2002 en Uruguay. La familia, como tantas otras, se ve impactada por la crisis, y Gustavo intenta salir adelante con el ejemplo de su primo Walter en otro país, abriendo una lavandería que funcione con energía solar.

La sinopsis de la obra dice: “Clara escribe frases. Clara juega al teatro. Clara hace un ejercicio de memoria y reescritura trasladándose desde nuestros días al 2002, su adolescencia, nebulosa y último lugar seguro, para recrear la historia que atravesó la familia durante una de las mayores crisis que vivió el país en los últimos cuarenta años”.

En “Walter” podemos ver con más claridad la dinámica interna familiar, y la particular relación que tienen todos. También entendemos más a Clara, y vemos el gran apego que tiene con todos sus familiares, su felicidad compartiendo tiempo con ellos – no sabemos si rememorando momentos importantes con sus padres, o reimaginando como deberían haber sido. 

En este aspecto, durante muchos momentos, Clara, o Josefina, aluden a la metaficción de la obra, recurso ya mencionado y también presente en “Terrorismo emocional”, pero profundizado aquí. “Clara escribe frases, Clara juega al teatro”. Ese carácter meta se hace presente en el argumento interno del conflicto, o mismo hacen referencias como, y parafraseo, “esto me lo deberías haber dicho en ese momento, no años después en la obra”. Todo este recurso le da una capa de complejidad extra no solo a “Walter” sino a todo el universo dramático de las obras de Josefina.

“Llamaste a Walter” difiere bastante de “Terrorismo emocional”, en puesta en escena, en temática, en el código, en el público objetivo; pero construyen un universo súper rico del cual es interesante y dichoso ser parte. Y pareciera que este universo no termina acá, Josefina se encuentra, de a poco, escribiendo la tercera y última obra[2].

Terrorismo emocional” vuelve al Teatro Solís por entradas agotadas, mañana, 9 de junio, con tres funciones (9, 10 y 11 de junio). No se pierdan la oportunidad de ver esta obra, y estén atentos a las redes de Josefina, a ver si tienen suerte y pueden ver las dos. Y si pueden, vayan con alguien que les agarre la mano.

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