Annie Ernaux nació en 1940 en un pueblo al norte de Francia – región fría y húmeda si las hay. Llegué a sus libros casi por hartazgo, porque estaban en primera fila de cualquier librería que me crucé los últimos meses del 2022, año en el que ganó el Premio Nobel de Literatura.

De tanto ver su nombre por todas partes, terminé cediendo. Un marketing del bien, que hay pocos. Su obra es mayoritariamente autobiográfica, y rara vez sus libros tienen más de 200 páginas. Cada uno es como una ráfaga de memoria, un pedacito de su historia plasmado en la escritura donde reivindica lo personal y la intimidad como un terreno político.

El primer libro que leí de ella fue El Acontecimiento, publicado en el 2000, donde relata un aborto clandestino que vivió mientras estaba estudiando en la universidad. Sin tener a nadie a quien confesarle que había quedado embarazada, en una sociedad que juzgaba muchísimo a las mujeres que tenían sexo antes del matrimonio, una chica de clase obrera de 23 años tuvo que ir a rogarle a un doctor que la ayudara a hacer algo que, por 12 años más, seguiría siendo ilegal en Francia. Uno de los doctores a los que fue a implorar ayuda, sin que ella lo supiera, le dio una pastilla que hacía más fuerte al embrión para evitar que pueda abortar, pero de eso ella se enteró mucho después.

El segundo que leí, “Una mujer”, habla de su madre fallecida, una mujer de clase obrera que logró que su hija fuera universitaria y ascendiera de clase social, el único nexo que le quedaba a una Annie desclasada con su vida anterior: “Es ella, con sus palabras, sus manos, sus gestos, su manera de reír y de caminar, la que unía a la mujer que soy con la niña que fui. Perdí el último nexo con el mundo del que salí”.

El tercero, “Memoria de chica”, nos cuenta sobre el verano donde trabajó en un campamento en el cual perdió la virginidad y sobre su turbulenta relación con su cuerpo, confesando que sufrió desórdenes alimenticios para estar más flaca y “seducir” al chico que le gustaba en ese entonces.

El último que leí se llama “Le vrai lieu”, que no está traducido al español todavía pero sería “El verdadero lugar”, donde habla del lugar donde creció, de su familia, de su historia, de su vínculo con la literatura y con la clase social, del nexo entre lo personal y lo colectivo, entre la escritura y la reivindicación.

Y es que Annie, primera mujer francesa en ganar el Nobel de literatura, habla de “vengar” a su sexo y a su raza (o más bien clase social) a través de sus memorias. Habla de cómo el tiempo y contexto en el que vivimos condiciona nuestras realidades, y de la importancia de contar historias que impactan, atraviesan, mueven, sobre todo porque sabemos que todo lo que nos cuenta pasó, y mucho sigue pasando, a muchas mujeres del mundo. Y si un premio Nobel sirve para que autoras como ella lleguen a todas las vidrieras y escaparates de todas las librerías de todos lados, lo celebro; sin olvidar que, por supuesto, de las 119 personas que ganaron el premio Nobel de literatura hasta el día de hoy, sólo 17 fueron mujeres. 

“Un libro puede contribuir a cambiar la vida de una persona, a romper la soledad de las cosas sufridas y desaparecidas, a pensarse diferentemente. Cuando lo indecible ve el día, es político”. Annie Ernaux.

Recomiendo (además de los libros): episodio “Leer a Annie Ernaux para contarlo” de Oír con los ojos, la película “Happening”, adaptación de su libro “El Acontecimiento”, y el documental “Los años de Super 8”.

Texto: Martina Vilar del Valle

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